En la jornada de ayer, una pareja que habitaba el departamento de la portería de un edificio en el exclusivo barrio porteño de Recoleta, fue protagonista de una historia que mantuvo en vilo a los medios de comunicación durante varias horas. Para entender la magnitud de la noticia, se debieron revelar detalles de la vida privada del matrimonio, que hasta entonces se desconocían. Tanto la mujer de 32 años -a la que llamaremos "X" para preservar su identidad- como el marido de 35 -"Y"-, eran oriundos de la provincia de Misiones y estaban instalados en Buenos Aires hace 10 años, durante los cuales se desempeñaban como encargadoa de edificio. La pareja tenía dos hijas menores de edad.
X nació en el seno de una familia humilde de un pequeño pueblo del interior de Misiones. Siendo la única mujer de los cinco hermanos, nunca fue eso excusa para que los padres la educaran de forma distinta y durante toda su niñez y adolescencia, cursó sus estudios en una escuela rural de la zona, mientras que durante la tarde colaboraba con el resto de la familia en las tareas domésticas. Nunca fue abusada por su padre ni otro hombre de su círculo, ni fue obligada a iniciarse sexualmente por ningun "don" del pueblo. Siendo una adolescentes, como no estaba interesada en ser madre joven ni en formar una familia, pudo estudiar en un colegio secundario de Posadas, al que concurría junto a sus hermanos. Después de algunas historias amorosas poco importantes, X conoció a Y en una fiesta de año nuevo de un amigo en común. Luego de convivir algunos años en Posadas, la pareja contrajo matrimonio. Y siempre incentivó a X a que profundice su crecimiento personal, tanto laboral como intelectual. Los años que vivieron en Misiones se caracterizaron tanto por el conocimiento mutuo como por el desarrollo individual. Como no planeaban agrandar la familia, Y siempre accedía a utilizar métodos anticonceptivos.
Cinco años después de haberse casado, la pareja decide radicarse en la Ciudad de Buenos Aires, donde ambos trabajaron en distintos edificios de la zona norte, cobrando el mismo sueldo por igual trabajo. Una vez que se instalaron en el edificio de Recoleta, decidieron tener a sus dos hijas y si bien hubo tiempos felices, años después en la pareja se fue extinguiendo el amor y decidieron separarse.
Previa consulta legal, X e Y se separaron de hecho y actualmente continúan su vida caminando por distintos caminos, que se cruzan a la hora de encargarse de la tenencia de las pequeñas hijas.
Todo el relato es falso. Esta sería una noticia que pueda titularse "Mañana de locura en Recoleta", siendo una historia que se aparta de la norma. Lo que pasó en verdad no fue eso: la noticia cuenta la muerte de la mujer en manos del hombre que luego se suicidó. Una víctima más de la violencia sexista, un número más para los contadores de femicidios (que sumaron 231 en el año 2009) y un título incorrecto más: "crimen pasional". Esa no fue una mañana de locura en Recoleta, fue una mañana más.
martes, 23 de febrero de 2010
lunes, 22 de febrero de 2010
Instrucciones para pasar el tiempo mientras las relaciones se toman un tiempo
A la hora de tomarse un tiempo, no hay mejor tiempo que el clima lluvioso de un fin de semana en que no se trabaje. Primero hay que apagar la computadora mediante la cual se tuvo la conversación con la otra parte de la relación que ahora está de tiempo. Acariciar 3 veces en la misma dirección el dorso de un gato (las personas más arriesgadas pueden acariciar otro felino: pantera, tigre, lince, pero no leopardos). Secar lás lágrimas a la luz de la luna y pensar qué contestar si algún moro en la costa percibe la irritación ocular y el sonrojamiento de la nariz.
A continuación, se procede a llamar a dos camaradas y a prepar el equipaje para asistir a la reunión titulada "se tomó un tiempo": morral que fue un regalo con un pin que fue un regalo; billetera que fue un regalo; agenda; libro que fue un regalo; monedero con remedios que fue un regalo; llaves con llavero que fue un regalo; una botella de un litro de vodka y un vaso de shot que fue un regalo, pero de otra persona.
Ya en el sitio del mitin (preferentemente una habitación, aunque en su defecto puede ser un bar de copas), contar la sucesión de hechos que condujeron a que una relación se tomara un tiempo, en forma desordenada y anacrónica (entre gemidos, snifeos, vasos de cerveza y a la espera de pizza de muzzarella). Es importante en esta instancia mezclar en el relato sentimientos, hechos históricos, deseos, análisis y papel tissue. Mientras se cena, escuchar otras historias de las camaradas que pueden tener finales felices o tristes, pero nunca buenos (y sólo dan ganas de compartirlas con la otra persona que estaba en la relación que se tomó un tiempo). Después de hacer algunos pasos de baile sobre el parquet, proceder a llenar vasos altos de vidrio con hielo, fernet y bebida cola junto a una camarada, mientras que la otra camarada inicia el ritual de beber vasos de vodka una persona a la vez, a modo de competencia. Repetir este paso hasta llegar a contabilizar 8 vasos de vodka. Para diluirlo, se pueden tomar vasos de fernet entre shot y shot.
Luego de perder una partida de cartas (nunca ganar esa noche) y de alternar entre la bebida oscura, la bebida blanca y otras yerbas, llega el momento en que una caricia en la pierna nos devuelve la sensibilidad, y entonces ver doble ya no es el problema, sino el nudo en la garganta que se resiste a desatarse por más vodka, fernet y otras yerbas que se ingieran. Es entonces el momento de iniciar la retirada: ingresar a un auto negro y amarillo, dejar caer las lágrimas y pensar: en cómo eran los desayunos que nunca se dieron, los souvenirs de los viajes que no se hicieron, las cenas románticas que quedaron en el recuerdo de lo que no pasó y los tiempos compartidos antes de que la relación se decidiera a tomarse un tiempo.
Al día siguiente, es recomendable no dejarse llevar por la tentación de ver Ghost. Y en los días sucesivos, si el instructivo se cumple al pie de la letra, deben ir mermando las horas perdidas en el ciclo llanto-ron-sueño.
Consejo adicional: puede ayudar correr y caminar al rededor de una plaza una noche de lluvia, pero prestar atención al camino elegido para no pasar por la puerta del hotel donde se fundía el tiempo en una cama, en una noche, en uma imágen. Donde todo el tiempo antes de que la relación se tomara un tiempo, se convertía en una seguidilla de imágenes desde el inicio hasta ese orgasmo: el juego de miradas y de caricias cuando no se decía nada, los silencios compartidos cuando estaba todo dicho, la primera flor, las primeras velas, los primeros presentes que se fueron haciendo recuerdos, las primeras vacaciones, los primeros sueños dichos en voz alta, las primeras risas, los primeros miedos, los últimos abrazos, lás últimas cenas, los cuentos, las fantasías, las películas, los colores, los sabores, las noches, los días, la piel, las citas, los segundos, las primeras y... Ayyyyy.
Cosas que pasan cuando las relaciones se toman un tiempo.
A continuación, se procede a llamar a dos camaradas y a prepar el equipaje para asistir a la reunión titulada "se tomó un tiempo": morral que fue un regalo con un pin que fue un regalo; billetera que fue un regalo; agenda; libro que fue un regalo; monedero con remedios que fue un regalo; llaves con llavero que fue un regalo; una botella de un litro de vodka y un vaso de shot que fue un regalo, pero de otra persona.
Ya en el sitio del mitin (preferentemente una habitación, aunque en su defecto puede ser un bar de copas), contar la sucesión de hechos que condujeron a que una relación se tomara un tiempo, en forma desordenada y anacrónica (entre gemidos, snifeos, vasos de cerveza y a la espera de pizza de muzzarella). Es importante en esta instancia mezclar en el relato sentimientos, hechos históricos, deseos, análisis y papel tissue. Mientras se cena, escuchar otras historias de las camaradas que pueden tener finales felices o tristes, pero nunca buenos (y sólo dan ganas de compartirlas con la otra persona que estaba en la relación que se tomó un tiempo). Después de hacer algunos pasos de baile sobre el parquet, proceder a llenar vasos altos de vidrio con hielo, fernet y bebida cola junto a una camarada, mientras que la otra camarada inicia el ritual de beber vasos de vodka una persona a la vez, a modo de competencia. Repetir este paso hasta llegar a contabilizar 8 vasos de vodka. Para diluirlo, se pueden tomar vasos de fernet entre shot y shot.
Luego de perder una partida de cartas (nunca ganar esa noche) y de alternar entre la bebida oscura, la bebida blanca y otras yerbas, llega el momento en que una caricia en la pierna nos devuelve la sensibilidad, y entonces ver doble ya no es el problema, sino el nudo en la garganta que se resiste a desatarse por más vodka, fernet y otras yerbas que se ingieran. Es entonces el momento de iniciar la retirada: ingresar a un auto negro y amarillo, dejar caer las lágrimas y pensar: en cómo eran los desayunos que nunca se dieron, los souvenirs de los viajes que no se hicieron, las cenas románticas que quedaron en el recuerdo de lo que no pasó y los tiempos compartidos antes de que la relación se decidiera a tomarse un tiempo.
Al día siguiente, es recomendable no dejarse llevar por la tentación de ver Ghost. Y en los días sucesivos, si el instructivo se cumple al pie de la letra, deben ir mermando las horas perdidas en el ciclo llanto-ron-sueño.
Consejo adicional: puede ayudar correr y caminar al rededor de una plaza una noche de lluvia, pero prestar atención al camino elegido para no pasar por la puerta del hotel donde se fundía el tiempo en una cama, en una noche, en uma imágen. Donde todo el tiempo antes de que la relación se tomara un tiempo, se convertía en una seguidilla de imágenes desde el inicio hasta ese orgasmo: el juego de miradas y de caricias cuando no se decía nada, los silencios compartidos cuando estaba todo dicho, la primera flor, las primeras velas, los primeros presentes que se fueron haciendo recuerdos, las primeras vacaciones, los primeros sueños dichos en voz alta, las primeras risas, los primeros miedos, los últimos abrazos, lás últimas cenas, los cuentos, las fantasías, las películas, los colores, los sabores, las noches, los días, la piel, las citas, los segundos, las primeras y... Ayyyyy.
Cosas que pasan cuando las relaciones se toman un tiempo.
lunes, 8 de febrero de 2010
Receta para un buen Risotto...

Calentar en una cacerola la manteca, cuando comience a espumar, agregar la cebolla picada y dejar rehogar, echar el arroz y el azafrán, saltear unos minutos hasta que el arroz haya absorbido toda la manteca, recién entonces añadir el caldo caliente, los hongos remojados y picados, condimentar con sal y pimienta a gusto, cocinar entre 18 a 20 minutos aproximadamente...
Han de ser muchas las personas que disfrutan de esta afortunada creación de la cocina italiana. Yo, en lo personal, quizás prefiera arroz blanco con manteca o arroz con atún en un tomate relleno.
Hay otras personas que prefieren otra cosa: conocerse, creerse enamoradxs, pedir fecha en un registro civil y, luego, ver ese arroz (en otros tiempos protagonista de un Risotto) ser arrojado por los aires en señal de alegría.
¡Vaya tradiciones las nuestras! Creanme, no estoy en contra del amor...De hecho, estoy tan a favor del amor, que estoy en contra del matrimonio. Esa gente que quiere que otra gente le remarque los derechos y las obligaciones sólo a cambio de un libro rojo con 32 espacios para anotar a los hijos. Si fuera un acto de amor no se hablaría del deber de apoyar al otro económicamente ("Los esposos se deben mutuamente fidelidad, asistencia y alimentos."). Si fuera un acto romántico no se hablaría de familia, sino de pareja, y no serían "contrayentes" sino "amantes".
Puedo entender que él sea un buen partido, que ella sea oriunda de San Nicolás y sepa coser, bordar y salir a jugar... Entiendo que después de años de noviazgo las cosas se pueden tornar aburridas... Pero trato de entender el concepto de bienes ganaciales, la imposición de vivir en una misma casa, la ausencia del simple desamor como causa de separación (detalladas en el Art 202, Cap IX, Secc Segunda del Código Civil) y el origen etimológico de la palabra matrimonio (derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad) y no me termina de cerrar la idea...
Quizás a mi me falten fábulas, arrugas o ganas de tirar arroz... Pero ya saben: Para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama; si Ud mujer tiene más de dieciséis años y Ud gentil hombre más de dieciocho y no parece que tengan consanguinidad, dése una vuelta por el Registro Civil y en pocos minutos disfrutará de una lluvia de arroz, libreta de matrimonio en mano.
Caso contrario, se me ocurren muchas (muchas) más cosas: chau fan, paella, arroz con calamares en su tinta, buñuelos de arroz, entre otras...
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