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domingo, 13 de enero de 2013

Veneno



Me hiciste odiar el chocolate. Y a mí me encantaba el chocolate. Pero lo odié apenas vi por primera vez cómo mirabas mis caderas cuando notaste que iban ensanchándose. El autor material de ese hecho no podía ser otro más que el chocolate, si por vos comía sano, dejé la coca cola común, me pasé al bando del aceite de oliva y me había olvidado del sabor de las papas fritas. Pero nunca dejé de comer chocolate después de cenar. Y vos, con tu doble discurso sobre la belleza real pero con esa mirada… me hiciste odiarlo.
Me hiciste odiar a Roberto Arlt. Nunca supe mucho de literatura, pero me gustaba Arlt. Y no pude defenderlo cuando acusaste a sus hojas de desprolijas, sus personajes de chabacanos y a sus lectores de mediocres. Vos eras una puaner total, seguro tenías razón.
Me hiciste odiar a mi mejor amigo. Terminé creyendo que él me ponía en tu contra agarrándose de 2 o 3 episodios aislados que había presenciado, cuando, es cierto, un arrebato de ira puede tenerlo cualquiera. También me hiciste odiar a tu mejor amigo, porque era él el que te llevaba a bailar a los boliches gays. Siempre elegí no saber por qué volvías con una sonrisa, aunque me despertabas a la madrugada diciendo que te habías aburrido, que tu amigo se portó como una loca mala, que los tragos eran fuertes y la música era cara o algo así… Me hiciste odiar a tu ex novia y también a tu futura novia (que seguro iba a ser una de tu círculo de lectura). Me hiciste odiar a Darío, que aunque vos no lo conocías y tu grado de heterosexualidad era inexistente, representaba al novio ideal para vos.
Me hiciste odiar el alcohol, que según vos era el culpable de que me comportara como una pendeja en las cenas con amigos. Me hiciste odiar el sexo y preferí evitarlo antes que enfrentarme otra vez a tus gemidos fingidos, a tu insatisfacción, a mi frustración. Me hiciste odiar mi trabajo en el call-center, porque me sacaba tiempo para poder convertirme en la novia que quería ser. Me hiciste odiar mi corte de pelo que al principio te había gustado, pero cada vez que me miraba en el espejo entendía por qué no te generaba ganas de acariciarme. Me hiciste odiar mi risa.
Cuando no quedó más remedio, me hiciste odiarme a mí entera, por seguir rebajándome para que no me dejaras. Cuando no quedaron más chivos expiatorios entendí que era mucho más fácil detestar mi personalidad dependiente y mi enamoramiento tormentoso. Y ahí ya no quedó nada en pie para seguir defendiendo, para seguir intentando, para seguir culpando siquiera. Ya te habías llevado de mí hasta mi capacidad de odiar, cuando mi poder de querer era tuyo hacía mucho tiempo.
Hubiera sido más fácil odiarte a vos. Pero nada de vos me molestaba, nada de vos me rozaba. Nada de voz me quedaba para odiarte cuando se me fue a fuerza de gritos por quererte así.

miércoles, 25 de julio de 2012

Metonimia


Volver a escribir
Volver a hablar
Volver.
Perderle el miedo a la palabra
Que paraliza por mucho o por poco
Que revuelve de adentro
Que saca y revuelve por fuera
Para mostrarnos en qué se convirtió
Eso que sólo se ve porque no se puede mirar

Ni el silencio nos cuida de la palabra,
(que aunque no se diga está)
Su artimaña es camuflarse:
Una soledad que lo que nos dice es tristeza,
Un perdón que en realidad es un olvido,
Un recuerdo que se viste de rencor.
Y cuando te persiga un grito
O te perturbe un susurro
Es mejor escucharlo que escucharte
Porque en el juego de palabras
La que pierde no es quien calla
Ni quien miente
Es la que no oye.
Esa que no puede tocar la aspereza de un adiós
bien dicho.
Ni mirar a los ojos a un te-olvido.

Hay que abrirnos los sentidos
Y dejarnos violentar por la crudeza de los dichos.
Siempre mejor que nos golpee un adjetivo
O que nos ate un gerundio,
Antes que caernos solas
Por no haber oído la advertencia de un portazo
o de un te-quiero.
Es el todo por el todo
Lo que aterra.
Es la parte lo que aflora
La sutileza que no alcanzamos a ver.

Y cuando el miedo eran los monstruos,
El escudo era la sábana
El antídoto un abrazo
El refugio tu sonrisa…
Hoy el miedo es la palabra
Que vuelve a escribir,
Que vuelve a hablar, que
Vuelve.
Ofensiva y defensiva
Arremete, arrincona, pero no da con el knock out.
Deja espacio al último aliento
Que no es permiso,
Que no es perdón,
Que no es te-quiero,
Que no es volvamos,
Que no se si es soy.

jueves, 2 de febrero de 2012

Equipaje

“Dejo todo y me voy a vivir a Nono”. Hay escuelas, hospitales, plazas, farmacias, carpinteros, policía, taller mecánico, despensas, juegos infantiles, tejidos… Y los carteles… ¡Ayy!, los carteles en Nono son tan lindos…
Mi único problema es que primero necesito tener ese todo que dejar…

A ver… ¿qué me falta tener antes de irme? Mmm… Debería tener un título, así puedo dejarlo colgado en la pared y los que queden acá puedan hablar de mis logros académicos. También podría tener una buena relación con mi familia, para que dejarlos sea un esfuerzo y no un alivio. Estaría bueno tener una historia de amor intrincada de la cual exiliarme, así reafirmar mi decisión de irme si es que llego a dudar en Retiro. Necesitaría leer kilos más de libros, dos o tres fracasos más para forjar mi ego, probar más comidas étnicas… Si le agregamos algún altercado con una banda de mafiosos, un enamoramiento silencioso y algunas posesiones materiales propias… ¡listo! Ya tengo todo lo que tengo que tener para dejarlo todo e irme a vivir a las sierras cordobesas.

Mientras eso llega, puedo seguir en la mía, dándome el lujo de contradecirme. Acá, en Nono o en donde sea, despeinada y con un faisán, mintiendo verdades camufladas entre bromas… Predigo revoluciones de relaciones humanas, pero después me planto con un 4-4-2.
Mientras eso llega, sigo conociendo y reconociendo personas, de las buenas y de las otras. Sigo generando un todo que todavía NO quiero dejar. Sigo lidiando con mis demonios, porque para llevarlos a pasear a Nono, para eso los malcrío acá. Sigo acumulando sonrisas… y que el impuesto a las ganancias emocionales me lo vengan a cobrar con matones, que lo que gané no lo comparto con los que no quisieron apostar. Las deudas todavía las puedo seguir arreglando invitando cervezas. Mis cuentas están claras: al destino le pago con panes por las tortas y descubrí que en construcción se necesita tanto la cal como la arena.

Todavía no se qué es lo que se lleva una a determinado tipo de viajes, pero mientras tanto averiguo qué es lo que hay que dejar acá.

martes, 13 de diciembre de 2011

Querer querer

“Sí, tenías razón… ya éramos demasiado grandes para seguir creyendo en el amor.“

Joaquín sabe lo que quiere. Y sabe lo que quiere porque siente el peso de la falta, cuando el lo-que-quiere coincide con el no-se-puede. Joaquín quiere ser feliz, quiere estabilidad laboral y tranquilidad afectiva, quiere ir al cine una vez por semana, cambiar el auto cada dos años, conocer bien el país antes de conocer Europa; quiere mates amargos a la mañana y silencio de tumba mientras lee el diario; quiere poder… Joaquín quiere. No es de ahora, siempre lo supo, incluso apenas se instaló en el monoambiente de Congreso, donde ni siquiera ordenando bien todos los cachivaches había espacio suficiente como para acomodar sus sueños. Pero irse de La Matanza era lo que quería, y lo consiguió, así que cualquier cola de ratón porteña iba a ser mejor que su cabeza de león conurbana. Hoy sus metas son un poco más lejanas y lo sabe, pero no por eso va a renunciar a ellas. Joaquín quiere tener más y ser mejor que todos los joaquines que fue. Ah, y Joaquín quiere un novio.

Es lo mismo que quería cuando conoció a Hernán. Sí, porque un día se conocieron, todo tiene un principio aunque a veces lo cotidiano parezca eterno. Hubiera sido lindo que la historia empezara en el eurotren o al menos con miradas en el subte, o sino en alguna playa paradisíaca o perdidos en las montañas… Pero no, el día que su relación fuera llevada al cine, pensaban, de seguro le inventarían un principio mejor. Se conocieron en “el ambiente”, esa palabra que Joaquín tanto odiaba por estar llena de vacío, de caretaje, de frivolidad, de chusmerío, de vieja de ruleros, tan llena de tipos como Hernán. Era un boliche gay nuevo, “Wet”. Justo cuando Joaquín fue a la barra a pedir un Gin Tonic que lo ayudara con su inhibición, Hernán fue a la barra a buscar un polvo que lo ayudara con su soledad. Ninguno de los dos era el chico ideal para el otro y ambos lo sabían, pero se gustaban… Joaquín tan Gin Tonic y Hernán tan Speed con vodka, pero se gustaban… El traje de “amor a primera vista” le quedaba MUY grande a la situación, pero algo se dio, algo se encendió, algo se gustaban…

Quizá porque las cosas que te atraviesan nunca pierden tiempo en pedirte permiso, Hernán ascendió de chongo a novio con la misma rapidez con la que después pasó a ser concubino. Las constantes decepciones mutuas eran tan evidentes que no hacía falta explicitarlas. Querían tanto ser felices que quisieron desoír toda diferencia, que cuanto más acallaban, éstas más gritaban. A Hernán el deseo era algo que no le duraba más de 15 minutos y cumplido o no, éste saltaba rápidamente de un objeto a otro. Una vez que tenía chiche nuevo, poco importaba que el mundo llegara a sus pies a cumplir su deseo anterior. Y Joaquín, que sabía lo que quería y lo que quería era un novio, cumplía caprichos y cedía ante el primer pero. Funcionaba: a Hernán le gustaba recibir, a Joaquín le gustaba dar y estaba dispuesto a dar TODO. Llegó el día en el que ni siquiera debía pagar a cambio el precio de la monogamia. Del tira y afloje solo jugaban al tira y jugaban bien, osea jugaban mal. Los dos perdían pero distintas cosas. Joaquín lo que perdía eran las ganas de buscar el amor verdadero en otro lado y así seguía, creyéndose enamorado y queriéndose amado.

Hernán con su insatisfacción crónica y Joaquín con todo el deseo de hacerlo feliz, jugaron a la casita durante 9 meses. Aceptar la incompatibilidad y separarse sonaba lógico y hubiera estado bien como para un primer amor. Pero Joaquín pese a su juventud era ya un experto quimeras y Hernán iba a ser su fracaso número 8, no podía desprenderse tan fácilmente de la foto familiar que había armado, no, no otra vez. Tanto quería creer que eso era amor, tanto quería saberse apto para las relaciones de a dos… Fue Hernán el que tomó la decisión de terminar, y no le fue difícil. Para cuando fue a decirle a Joaco que la historia se acababa, de él ya quedaba muy poco (algunos tibios reproches y dos o tres falsas esperanzas). Las historias de los finales suelen ser contadas en episodios más largos de lo que ameritan. Lo que antes estaba, ya no está más y lo que queda, queda… quizá para siempre, quizá por un rato.

Hoy Hernán tiene un nuevo trofeo, lejos de ser su chico ideal, pero también lejos de ser su peor-es-nada. Y Joaquín… Joaquín sigue queriendo…

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sobre modelos enzimáticos y gustos culinarios

- Ezequiel tiene una pequeña llave colgada del cuello
- ¿Qué?
- Sí… una cadenita de plata de la que cuelga una pequeña llavecita. Y Romina tiene un corazón colgando y en el centro una cerradura.
- ¿Todo esto está pasando ahora? ¿Año 2011? ¿Personas mayores de 15 años?
- Sep, exactamente… Una pareja de 23 años tiene un corazón y una llavecita colgando del cuello. No se si reirme o llorar, así que voy a optar por beber.
- Mejor escribí…

Cuando todas mis fobias se descubren y dejan en evidencia mi desinteligencia emocional, me encuentro a mí misma pensando cosas como “No estoy hoy para ponerme de novia”. Sí, es cierto, esa frase hecha me sirve como eufemismo de “No tengo con quién ponerme de novia”, pero igual hay algo más…
Me siento como cuando digo a la tarde: “mmm… estoy para algo salado”. Me conozco tanto, tengo tan estudiados mis gustos y tan padecidos mis disgustos, son tan estereotipados mis deseos (culinarios) y yo tan formal con las comidas, que SE que lo quiero es algo salado. Y puede venir la mejor de las tortas o el más pretencioso Crème brûlée, pero yo estoy para algo salado… No es mi caso, pero lo mismo le debe pasar a quien siempre está para algo dulce y no hay plan B que pueda calmar las ansias de chocolate.

"No estoy para estar de novia ahora". Aunque el sujeto es tácito (como todos mis sujetos), vale aclarar que el sujeto es YO. Y todo ese debcentrismo se cae cuando una noche (de esas noches que estás para una cerveza) me dijeron: “No es que estás para determinado tipo de relación…sino que la otra persona te genera el deseo de estar en cierto tipo de relación.”
“¡No!” le dije yo, porque así como siempre estoy para algo dulce, siempre estoy para discutir. “Vos a veces estás para solo sexo, a veces estás para tener citas, a veces estás con ganas de planear el nombre de tus hijxs, quizá estás para enroscarte en una aventura inestable, incluso a veces podés estar para NO engancharte… Hay momentos donde estás para ir de la mano un sábado a la tarde, y momentos donde estás para compartir cervezas y cerrar las cortinas”. Y así seguí defendiendo mi idea: distintos determinantes internos (del interior y del exterior, pero propios) delinean un tipo de relación buscada y eso hace que vuelques tus intenciones en la realidad.
“No”, me contestaron con igual seguridad. “La otra persona define tu deseo… conocés a alguien y te dan brutas ganas de revolcarte sin saber su signo del horóscopo, o conocés a alguien e inmediatamente te generan ganas de saber cómo se conocieron sus papás…”.

Estábamos en un bar (porque nadie es profeta en su tierra), así que mi amiga me convenció. No se si fue el clima o mi aparatez, pero inmediatamente me puse a pensar en enzimas… Sí, en enzimas. Las enzimas son catalizadores que aceleran reacciones biológicas donde un reactivo se convierte en un producto. Entre otras características maravillosas (para los nerds), las enzimas son muy específicas para con el sustrato. Para poder explicar el por qué de esto, durante muchos años se utilizó el Modelo Llave – Cerradura: la enzima y el sustrato tienen complementariedad geométrica y encajan perfectamente entre sí. En otras palabras: estás para algo dulce --> comés aceitunas.
Medio siglo después, el concepto llave – cerradura pareció insuficiente y surgió el Modelo Encaje Inducido: cuando la enzima interactúa con el sustrato, ésta cambia su conformación para adaptarse a él, quien moldea la posición precisa para cumplir su función.

Al parecer, mi amiga y Daniel Koshland tiene razón… modelo encaje inducido… Supongo que solo así se podría explicar por qué hay tanto pirata tejiendo escarpines mentales para sus futuros críos, o Susanitas que ya saben qué telo es mejor para no-pernoctar con su Mr. Big…

Esperando con ansias que a este año se le olvide mi cumpleaños, me encuentro con innegables ganas de algo salado, pero con sospechosa predisposición a cambiar de parecer. Lo admito, es cierto, no existe el modelo llave cerradura, perdí la discusión con mi amiga y no me afectó para nada. Quizá sea un síntoma de madurez… O quizá solo un efecto adverso.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Fragmentos I: E.T.S.

- Ayer cuando volví de la fiesta, me senté a escribir mis memorias…
- Wow! ¿Podías escribir? Yo me sentí realizada de que pude apretar el botón correcto del ascensor.
- Sí, estábamos todos muy ebrios… pero pensé que quizá así mis memorias iban a quedar más divertidas.
- Sí, o más falsas…
- Son mis memorias, ¡no van a ser falsas!
- Con tus neurosis y tu madre, no hace falta que mientas en tus memorias para que sean graciosas. Tenés razón. Bueno… ¿Y qué escribiste?
- Empecé a pensar en lo que una busca en una pareja…
- Bien, tenés un target definido
- Hay 2 cosas que tienen que tener los hombres para que me gusten: que sean paternalistas y que tengan todas las virtudes que yo no tengo.
- Que loco que pienses eso, porque no van a transmitirte todas las virtudes que vos querrías tener… Yo puedo salir 10 años con un koala, pero no por eso volverme un marsupial.
- ¿Los koalas son marsupiales?
- Che, concéntrate en lo que estoy planteando
- No, posta, Deb, ¿de dónde sacaste ese dato, de un palito de la selva?
- ¡Qué sabés vos cuánto se yo de biología!
- Pffff… ¡seguro que aprendiste ese dato para levantarte a una bióloga!
- Sos una tarada.
- Bueno, estábamos hablando de mis memorias, ¿te acordás?
- Sí y yo te dije que el salir con un tipo que tenga lo que a vos te falta, no va a hacer que lo consigas. Las virtudes no se transmiten
- Ya se que no se contagian, Deb…
- Igual estaría bueno que así fuera… Podés volverte exitosa solo por levantarte un engominado boludo en un after office
- Jaja… Conociéndote, vos te volverías una fracasada entonces…
- Igualmente creo que el buscar tus falencias corregidas en otra persona significa que no te estás apartando lo suficiente del ego.
- ¿Te estás cogiendo a Ari Paluch y te “contagió” su pelotudez, Deb?
- Noo, boluda, posta! Estás poniéndote a vos en el centro de la conquista y además estás remarcándote constantemente tus faltas.
- Es que yo pienso constantemente en mis faltas
- Cuando decís que valorás el paternalismo y que tenga tus virtudes faltantes, a Freud le dan ganas de materializarse acá entre nosotras…
- Siii… cuando le digo estas cosas a mi psicólogo me doy cuenta de que soy tan buena paciente que no debería cobrarme
- No, es más, debería pagarte él a vos
- Seguro que si sus colegas psicólogos se enteran de lo buena que soy en el diván, se van a pelear por tenerme
- Sí, es como hacerse fama de que sos buena en la cama, pero claramente con más beneficios… con el precio que está la terapia…!
- Soy la paciente mejor cotizada de la ciudad, lo se
- Podrías escribir tu teléfono en la puerta de un baño donde circulen muchos psicólogos
- Noo, soy tan buena que no me puedo regalar así al primer analista que me quiera tratar!
- Ayy… como siempre, como nunca: carne de diván vos, eh
- Paternalismo y mis no-virtudes… ¿Tan difícil es encontrar eso?
- No creo, el 90% de los tipos cree que tienen q adoptar una actitud paternalista con las minas. Es insoportable
- Es divino
- Y que tenga lo que a vos te falta, no creo q sea difícil de encontrar, dado que enamorarse tiene mucho de proyectar en el otro…
- No quiero engancharme con un amigo imaginario inventado tampoco, che!
- ¿No hacemos siempre eso?
- Ojalá mis amigos imaginarios me quisieran dar…
- Sí, querida… se llama tocarse.
- Bueno, cuando conozcas a un pibe con esas dos características, presentámelo!
- Dale, vas a ser la primera a quien llame, creeme
- Si me presentás a un pibe así, en mis memorias vas a ser un personaje hiper genial!
- Soy hiper genial, si tus memorias son fieles a la realidad, eso ya está…
- Bueno, entonces si me presentás al flaco, en mis memorias vas a aparecer hiper humilde
- ¿Por qué decís “hiper”? ¿Estás saliendo con un flogger y te contagió su marginalidad?
- ¡No estoy saliendo con nadie, por eso estoy escribiendo mis memorias!
- Bueno, si contás que estás escribiendo tus memorias, tampoco vas a conocer a nadie
- No, obvio, eso queda entre vos y yo
- Dale, no se lo cuento a nadie, pero en tus memorias píntame como una ganadora
- Dale.

domingo, 19 de junio de 2011

Eres gallina, McFly!

Debo confesar que siempre me costó un poco entender eso de los viajes en el tiempo.
Supongamos primero un tiempo inicial, lineal donde los hechos que se suceden se correspoden con las letras del abecedario. El presente actual es, por ejemplo, M. Es decir yo viví mi vida normal y cronológicamente, pasando por A, por B, C, D....hasta la M. A la altura de M, consigo viajar al pasado (típico) y voy hasta F (pongámosle, los años '50). En ese circunstancial presente (que solía ser el pasado), yo puedo moverme libremente, apostar en los deportes, imponer nuevas (futuras) modas y deslumbrar al público con ritmos hasta entonces desconocidos. Claro, si algo aprendimos de la TV es que no hay que modificar nada de ese presente (pasado), porque las consecuencias serian apocalípticas. Y por nada del mundo hay que acostarse con tu madre, claro está, a menos que se busque desaparecer de una foto familiar.
De cambiar algo, ese momento F sería un punto de inflexión para muchas y variadas nuevas líneas temporales futuras.
Creo que mi duda con respecto a los viajes en el tiempo, es qué pasa con la linea temporal inicial, con ese M, N, Ñ, O... Bueno, ya lo voy a averiguar.

Lo que sí entendí hace un tiempo es que no hace falta una máquina del tiempo para comprobar cuantos posibles escenarios se aparecen ante la instancia de tomar decisiones. Quizá nostrxs seguimos en nuestra linealdad (F, G, H, I...), pero en otra temporalidad, esos dos amantes que acá se rechazaron, allá ya formaron una familia. Mientras hoy ella sigue casada con el oficial y él anda soltero de parranda, en ese otro tiempo se cuentan los lunares del brazo y se hacen cosquillas antes de desayunar.
Después sólo se acumulan elecciones para perpetuar esa cronología que se encausó sobre esas decisiones que tomamos cuando estamos solas. Y ahí ya es como leer un Elige tu propia aventura de atrás para adelante.

domingo, 1 de mayo de 2011

Otoño

medias
bufandas
tapados
lluvia
hojas
frazadas
melancolía.
pañuelos
tecitos
corderoy
recuerdos.
cafés
camisetas
guantes
cama
gato
nostalgia.
estufa
sobretodo
sopas
carilinas
taxis
nomeolvides.
chocolate
gorros
gris
niebla
tácita.

lunes, 10 de mayo de 2010

Siguiendo al conejo blanco

Él tenía chaleco, galera y un reloj de bolsillo. Yo tenía muchas ganas, juventud, dos dudas y un sentimiento muy intenso de que se me estaba haciendo tarde. No es que hubiera perdido mi tren, en verdad hacía tiempo no me tentaba ningún tren...había dejado mi lugar en el andén para que lo ocupara cualquiera que necesitase seguir agitando el pañuelo. El sentimiento recaía sobre mi eterna impuntualidad: haber llegado muy jóven o muy vieja a los momentos que me exigían tomar decisiones. Verlo otra vez, sentir este déjà vu, explotar por dentro... todos indicios de que tenía que seguirlo.
...
Cuando terminé de caer no fui ni muy grande ni muy chica.
Después de horas de recorrer(me), llegué a la hora del té (que eran todas las horas). Me excusé con falsa formalidad por la tardanza, pero las personas que me esperaban entendían de las distracciones del camino. Primero unté reproches en panes de odio, agregué algo de culpa a mi taza de placer y sazoné los aperitivos de rechazo, con algo de pertenencia. Después, abrí los ojos y me encontré ahí. Además de maravillas, el país también tenía lucha, conflictos de intereses, aliadxs y enemigxs.
No faltó quien pidiera mi cabeza y yo la entregué sin ningun resquemor. El problema en Sí era la Reina, pero en Mi era la solución. Perder la cabeza sólo sería una pérdida para el sobrerero, una clienta menos...para mí era una liberación. Desde que vi pasar al conejo blanco andaba con ganas de perder la cabeza por alguien.
Empezaron por la nuca, pero de ahí no pasaron. Cuando los naipes supieron que se podía mezclar y barajar de nuevo, decidieron inmediatamente servir a otras causas: algunos se hicieron ingenieros, otros reparadores de calzado y hay quienes dicen haber visto por Florida a una 9 de pica como vendedora ambulante.
En cuanto a mí, sigo acá...esperando que nadie me venga a buscar. Me cuentan que cada dos o tres semanas alguien pregunta por mi paradero. Escuchan la respuesta y creen una mentira, pero a la vez crean una mayor: "pobre...está sola"

lunes, 22 de febrero de 2010

Instrucciones para pasar el tiempo mientras las relaciones se toman un tiempo

A la hora de tomarse un tiempo, no hay mejor tiempo que el clima lluvioso de un fin de semana en que no se trabaje. Primero hay que apagar la computadora mediante la cual se tuvo la conversación con la otra parte de la relación que ahora está de tiempo. Acariciar 3 veces en la misma dirección el dorso de un gato (las personas más arriesgadas pueden acariciar otro felino: pantera, tigre, lince, pero no leopardos). Secar lás lágrimas a la luz de la luna y pensar qué contestar si algún moro en la costa percibe la irritación ocular y el sonrojamiento de la nariz.
A continuación, se procede a llamar a dos camaradas y a prepar el equipaje para asistir a la reunión titulada "se tomó un tiempo": morral que fue un regalo con un pin que fue un regalo; billetera que fue un regalo; agenda; libro que fue un regalo; monedero con remedios que fue un regalo; llaves con llavero que fue un regalo; una botella de un litro de vodka y un vaso de shot que fue un regalo, pero de otra persona.
Ya en el sitio del mitin (preferentemente una habitación, aunque en su defecto puede ser un bar de copas), contar la sucesión de hechos que condujeron a que una relación se tomara un tiempo, en forma desordenada y anacrónica (entre gemidos, snifeos, vasos de cerveza y a la espera de pizza de muzzarella). Es importante en esta instancia mezclar en el relato sentimientos, hechos históricos, deseos, análisis y papel tissue. Mientras se cena, escuchar otras historias de las camaradas que pueden tener finales felices o tristes, pero nunca buenos (y sólo dan ganas de compartirlas con la otra persona que estaba en la relación que se tomó un tiempo). Después de hacer algunos pasos de baile sobre el parquet, proceder a llenar vasos altos de vidrio con hielo, fernet y bebida cola junto a una camarada, mientras que la otra camarada inicia el ritual de beber vasos de vodka una persona a la vez, a modo de competencia. Repetir este paso hasta llegar a contabilizar 8 vasos de vodka. Para diluirlo, se pueden tomar vasos de fernet entre shot y shot.
Luego de perder una partida de cartas (nunca ganar esa noche) y de alternar entre la bebida oscura, la bebida blanca y otras yerbas, llega el momento en que una caricia en la pierna nos devuelve la sensibilidad, y entonces ver doble ya no es el problema, sino el nudo en la garganta que se resiste a desatarse por más vodka, fernet y otras yerbas que se ingieran. Es entonces el momento de iniciar la retirada: ingresar a un auto negro y amarillo, dejar caer las lágrimas y pensar: en cómo eran los desayunos que nunca se dieron, los souvenirs de los viajes que no se hicieron, las cenas románticas que quedaron en el recuerdo de lo que no pasó y los tiempos compartidos antes de que la relación se decidiera a tomarse un tiempo.
Al día siguiente, es recomendable no dejarse llevar por la tentación de ver Ghost. Y en los días sucesivos, si el instructivo se cumple al pie de la letra, deben ir mermando las horas perdidas en el ciclo llanto-ron-sueño.

Consejo adicional: puede ayudar correr y caminar al rededor de una plaza una noche de lluvia, pero prestar atención al camino elegido para no pasar por la puerta del hotel donde se fundía el tiempo en una cama, en una noche, en uma imágen. Donde todo el tiempo antes de que la relación se tomara un tiempo, se convertía en una seguidilla de imágenes desde el inicio hasta ese orgasmo: el juego de miradas y de caricias cuando no se decía nada, los silencios compartidos cuando estaba todo dicho, la primera flor, las primeras velas, los primeros presentes que se fueron haciendo recuerdos, las primeras vacaciones, los primeros sueños dichos en voz alta, las primeras risas, los primeros miedos, los últimos abrazos, lás últimas cenas, los cuentos, las fantasías, las películas, los colores, los sabores, las noches, los días, la piel, las citas, los segundos, las primeras y... Ayyyyy.

Cosas que pasan cuando las relaciones se toman un tiempo.

jueves, 24 de diciembre de 2009

ficción 1

Todo sigue pasando mientras no estás...
nadie se pregunta por qué estoy solx,
a nadie le cuesta creer mi soledad.
Alucino con vos cada noche
que estás acá tocandome
y yo acá escuchándote.
Alucino tus besos, tus pelos, tu arito.
...
Por suerte me doy cuenta que no es verdad.
Sino, no me perdonaría estar tan tranquilx.