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lunes, 19 de septiembre de 2011

Super 8

Cuando te enterás que Steven Spielberg produce una película escrita y dirigida por el creador de LOST (J.J. Abrams), lo que vas a obtener son muchas expectativas. Si después sabés que se trata de un grupo de niños que filma una película casera de zombies en 1979, no tenés más que hacer que dejarte llevar por el impulso inmediato de ir a verla.
Y Super 8 no solo NO decepciona, sino que retribuye holgadamente tanta ficha puesta sobre ella. Con una idea simple pero efectiva, consigue encantar por los detalles y obnubilar por la realización de las escenas. Nos mantiene encendidos los 112 minutos, nos mantiene emocionados, nos mantiene niñxs.
La ciencia ficción no es lo (único) que nos atrapa pero sí lo que nos envuelve. Son los personajes, con toda su humana realidad, lo que le agrega una estrella más a la calificación de esta película. La convicción de Charles (Riley Griffiths) de saberse un cineasta, la sensibilidad de Joe (Joel Courtney) para afrontar su realidad y las particularidades de Martin y Cary son LA riqueza de Super 8. Una mención aparte merece la lucidez actoral de Elle Fanning (que nada tiene que envidiarle a su hermana Dakota) que se roba los primeros 15 minutos de la película.
Ninguno de los personajes de la película necesita de los extraños sucesos (que comienzan a suceder en la ciudad) para canalizar sus conflictos internos. No. En su mundo pre adolescente siguen con sus altercados, sus amistades, sus diferencias, sus heridas abiertas, sus enamoramientos, sus desamores, sus convicciones, sus decepciones, sus peligros… Y la historia allá afuera no es más que un buen telón de fondo para que ellos puedan seguir creyendo (y creando) sus propias ficciones.
Las críticas menos generosas le achacan que tenga algo de Montesco – Capuleto, mucho de Stand by me (Cuenta conmigo – 1986) y demasiado de E.T. Pero a pesar de eso (¿por eso?), es muy refrescante. Relatar una película en la clave de la ciencia ficción, poblarla de personajes que en otra historia serían loosers y esperar un final feliz, no es la cumbre de la originalidad. Sin embargo, en un campo minado de lugares comunes, Super 8 logra impactar y no precisamente por la grandilocuencia, sino más que nada por apelar a lo micro…
El hallazgo en esta película es que te hace acordar a momentos que nunca viviste. Incluso que mi generación entera no vivió (la ropa de los ’80, el nacimiento del walk-man, los éxitos musicales, los cartuchos de super 8 de Kodak…).Y así el Ohio de la película bien pudo ser cualquier lugar, cualquier barrio, cualquier pueblo, donde pasamos esos años, sabiendo que el límite NO era el horizonte. Ese lugar al que seguimos recurriendo cuando un excelente film como Super 8 nos lleva y trae sin escala.

jueves, 22 de octubre de 2009

Yo quiero ser una chica Almodóvar

No siempre como espectadora puedo ver al director de una película. A veces veo al guionista, otras incluso al iluminador y siempre a los actores. Pero cuando una va a ver una de Almodóvar es porque sabe que lo puede ver hasta con los ojos cerrados. Y en mi caso es porque se que puedo continuar mi romance español. Y sale del cine diciendo "Muy Almodóvar" como quien sabe que pide un Malbec ostentoso en una cena y le traen justamente eso...
"Los abrazos rotos" es deliciosa. Para sentarse cómoda/o en la butaca y que no te importen los celulares inconvenientes, las risas a destiempo, las parejas que llegan tarde, el ruido de los pochoclos y el trabajo que dejaste pendiente en el escritorio antes de salir corriendo al cine. Incluso te hace olvidar rápidamente que lo que acabás de gastar en la entrada es exactamente lo que no vas a tener en el fin de semana para tomarte un taxi si llueve...
Y yo ahí en la butaca en la oscuridad y aparece Almodóvar, dejándose ver en cada detalle, en cada toma, en cada personaje, en el maquillaje de Penélope Cruz. Y veo la toma que enfoca lo que enfoca el personaje protagonista (el director Harry Caine) y me acuerdo de cuánto me gustó "Todo sobre mi madre", "Hable con ella", "¿Qué he hecho yo para merecer esto?", "Mujeres al borde de un ataque de nervios", "Volver".
Y yo ahí en la butaca, viendo a Penélope Cruz como las que vinieron antes de mí vieron a Carmen Maura, Victoria Abril, Verónica Forqué, Cecilia Roth. Esos tacones y esas miradas (no las de ella, sino las de él sobre ella). Y también esa forma de amor, esos abrazos casi violentos, ese deseo impaciente, ese vacío, esa locura, ese llanto y esa risa... Salí queriendo ir por la vida al borde de un ataque de nervios, con faldas y a lo loco. Deseando que Pedro Almodóvar me filme, aunque más no sea como extra en la comunión de mi sobrino. Y sin poder dejar de cantar...
"...Yo quiero ser una chica Almodovar
como Bibí, como Miguel Bosé
pasar de todo y no pasar de moda,
bailar contigo el último cuplé.
Y no parar de viajar del invierno al verano,
de Madrid a New York, del abrazo al olvido,
dejarte entre tinieblas escuchando un ruido
de tacones lejanos.
Encontrar la salida de este gris laberinto,
sin pasión ni pecado, ni locura ni incesto,
tener en cada puerto un amante distinto
no gritar ¡que he echo yo, para merecer esto!..."