
Si bien es preocupante el apoyo popular (antipopular) que recibe el amarillo, porteño y facista partido liderado por Mauricio Macri, confío en que ninguna persona que lea este título se deje llevar por la confusión que encierra su hipérbaton. El legislador porteño del PRO Gerardo Ingaramo tiene la iniciativa de que la futura línea H de subte cuente entre sus trenes con vagones exclusivamente femeninos, para evitar el manoseo y otros abusos masculinos que encuentran su oportunidad en el tumulto de la hora pico. Es decir: Al PRO le preocupa el apoyo.
Según la noticia, este proyecto es ya una realidad común en paises como Japón, Brasil, México, entre otros, donde segregando a las mujeres se consiguió evitar el acoso (a veces oportunista, a veces planeado) de los hombres. Más allá de su obvio éxito en la práctica, la idea engloba bastantes contradicciones teóricas acerca de cómo producir una sociedad más justa para ambos géneros. En vez de atacar la construcción cultural de que el cuerpo de la mujer es un botín, simplemente se encierra a ese botín en un vagón rosa, además de que se profundiza la idea del sexo débil, que necesita imperiosamente ser cuidado.
En lo lo personal, como habitué del transporte público, he transitado por estas situaciones que incomodan para el silencio en vez de para la reacción. Cuando tendría que haber gritado "Ey, pescado, mi cuerpo es tu límite", fui yo la que me limité y me llamé al silencio. No puedo no pensar que fue mi educación como mujer (obediente, correcta, sumisa, débil, miedosa, mujer) un factor influyente en mi no reacción. En un escenario imaginado, viajando en la futura línea H, sería mi deseducación como mujer lo que me haría no viajar en el vagón femenino y, citando a Diana Maffía, "implica que esté disponible para los tocadores y acosadores".
Dejando constancia de mi voto no positivo sobre esta cuestión, me permito darle otra vuelta de tuerca y pensar otros escenarios posibles. ¿Y si invertimos la carga de la prueba? Ok, no estoy de acuerdo, pero podría imaginar un vagón exclusivo... exclusivo para hombres. Sin esfuerzo puedo pensar en algún argumento (de vida media corta, hasta que cualquiera lo refute): Dado que la población masculina comete ciertos excesos cuando transita los lugares públicos, al delimitar espacios propios y exclusivos para hombres (llamémoslos "vagón azul", ¿Por qué no?) se evitaría esta ofensa hacia el cuerpo de la mujer. Así, cuando un hombre decida no viajar en los vagones exclusivos, implicaría que tiene intencion de cometer algún acto impúdico sobre el cuerpo de una mujer. Claramente algo anda mal.
Por último, si la gestión PRO hecha mano (cuac) sobre el asunto y se lleva a cabo el proyecto, estaríamos en presencia de una peculiaridad para nada rara: Al separar a un sector (el feminino), lo que queda es lo universal, lo neutro, lo general...¿lo masculino?