Una materia anual. Seis exámenes. Cincuenta preguntas multiple choice cada uno. Cuatro opciones por pregunta...Bien, como mínimo durante este ya viejo 2010 tomé 300 decisiones. Supongo que en algunos casos habré elegido la opción correcta, en otros la menos mala, en otros la incorrecta. Es fácil con el diario del lunes (o con la grilla corregida en frente) juzgar la calidad de todas esas decisiones. El lunes, si ganaste al prode podés brindar y sino... bueno, ya vendrá otro momento para jugársela. O en todo caso contentarse con una frase ya gastada de uso, pero no de eficacia: "En ese momento, sonaba lógico". Si bien no compensa el haber elegido lo incorrecto, sí calma la impotencia de saber un error pasado. Y además pone las cosas en su lugar, te pega una bofetada a los nervios y aclara: "Hoy tenés el diario el lunes, en su momento había otro tablero y esa pieza que moviste era la que tenías q mover".
Cuando se escogen caminos ciertamente se corren riesgos. Siempre. Podemos hacer la mejor de las evaluaciones, contemplar cada variable o llamar a un asesor financiero, pero igualmente algo siempre lo echamos a suerte. Creemos que va a ser para mejor, tenemos la certeza, son nuestras mejores chances. Tenemos el ferviente sentimiento de que el destino no nos va jugar una mala pasada. La persona que piense que puede hacer generala dos veces en un juego, no se va a tachar la doble, por más que todas las probabilidades estén en nuestra contra. Entonces nos damos cuenta que no siempre nos guía esa lógica que antes sonaba bien... a veces nos guía más un grito, interno pero intenso. ¿"En ese momento sonaba lógico"? No se si lógico, pero sonaba lo suficientemente fuerte como para escucharlo.
Fueron ene veces más que 300 las decisiones que tomé en el año. Siempre que hay opciones, hay decisiones. Incluso cuando lo único que hacemos es que siga todo igual: No cortarme el pelo, no cambiar de carrera, no cambiar de estilo para vestirse, no cambiar de compañía, no cambiar de fruta favorita... Para todas las demás decisiones, que implican una novedad, solo resta girar el timón cuanto sea necesario, cruzar los dedos y esperar el diario del lunes... El lunes hablamos.
jueves, 30 de diciembre de 2010
lunes, 27 de diciembre de 2010
Pica el Sr. Smith en el boliche!
Tenía una remera blanca escote en V, un jean oscuro y unas zapatillas a tono. La billetera en el bolsillo y el celular siempre activo. Un porrón de cerveza en la mano, pero tomado de una forma muy lejana a los bares de copas. La botella era más bien una compañía, una partenaire de la danza del cortejo, que ocupa la mano mientras el cigarrillo está apagado y la chica en otros asuntos. Ella (la chica) tenía un vestido de colores, que parecían variados, pero en verdad se volvían monocromáticos por lo reiterado dentro de la manada. Sandalias, cartera cruzada, peinado de propaganda de shampoo, celular empuñado en una mano, haciendo gala de la ventaja evolutiva que representa el pulgar oponible.
De haber sido uno de cada especie, a lo arca de Noé, no me hubiera asustado... puedo manejarlo. Sucedía que esto se repetía de a centenas. Era un ejército de remeras blancas escote en V y vestiditos de colores. ¿Ellos no se veían parecidos cuando se miraban entre sí?
Era cuestión de ver algún modelito distinto (chomba con lineas horizontales para él o pollera y remerita para ella) para ver que detrás de sí aparecía un nuevo ejército de sinónimos, a imagen y semejanza de éstos.
Eran todos iguales, y por ende, aburridos. Nadie tenia nada diferente, era lo mismo que tuviera yo los ojos abierto, o cerrados, porque eran predecibles, faltos de sorpresa. Nadie tenia una frase graciosa en la remera, nadie estaba despeinado con estilo, nadie estaba más allá del ridículo a la hora de bailar, nadie cantaba gritando, nadie dejaba de sonreir, nadie tenia desprolijas las uñas, nadie se percataba de todo eso.
Como los Smith eran todos iguales... ¡Viva la diferencia! (la mía, la nuestra, la tuya)
domingo, 19 de diciembre de 2010
Sacá el corazón de la cocina
La publicidad descubrió tres cosas:
1) Las mujeres practican deportes.
2) Las mujeres sienten pasión por algo que no es lavar los platos o ir de shopping.
3) Las mujeres no son todas romanticonas bobas.
Pero además, hay algo que le suma más puntos a esta propaganda: Usaron el mismo medio y el mismo slogan ("Dejá el corazón en la cancha") en las dos publicidades protagonizadas por varones que en ésta, protagonizada por una mujer.
Sí, es un recurso simple apelar a que quien deja todo en la cancha no le queda ni una pisca de corazón para babearse por cachorritos o para emocionarse con las primeras palabras de un bebé o para apreciar un gesto romántico de la pareja... pero en todo caso, hombres y mujeres son igual de desalmadxs.
Bien por Topper y sus creativos/as para mostrar un modelo de mujer que no sea el obvio, por poner en jaque la "femenidad" y por entender que una zapatilla es una prenda unisex. Quizás la próxima hasta se animen a mostrar a una mujer REALMENTE en una cancha, y no sólo saliendo a correr. Pero bueno, siguiendo con la tonada deportiva, esto es sin duda el puntapié inicial...
domingo, 5 de diciembre de 2010
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