¿Por qué cortar una calle si hoy las mujeres pueden salir a trabajar?
¿Por qué elevar la voz si hoy la mujer puede votar y si ahí en casa rosada hay una?
¿Por qué luchar si hoy la mujer tiene tanto poder como los hombres?
¿Por qué pintar las paredes si hoy las mujeres hasta juegan al futbol?
El patriarcado no deja ver que no deja ver. Y los logros a medias solo maquillan los vacíos de alcances reales. Y todos los demás vacíos: la cama vacía que dejaron las mujeres víctimas de las redes de trata; la silla vacía que ocupaban las mujeres muertas en manos de femicidas; el banco vacío donde estudiaban las mujeres muertas por abortos clandestinos; los vacíos en la lucha de las compañeras caídas en la dictadura; los vacíos en el ruido por los silencios de las mujeres que todavía no pueden alzar la voz.
Lucho, agito, activo, grito, milito, celebro, exijo, libero.
Porque aunque pueda estudiar, trabajar, votar y jugar futbol, sigo sintiendo propias las injusticias de las que no pueden, sigo haciendo propia la pelea que dan las mujeres que están al lado mío (campesinas, obreras, estudiantes, luchadoras) y las peleas que dieron las que vinieron antes de mi. Porque el machismo no sólo me afecta en lo personal, sino también me hiere en lo intelectual. Porque hay que moverse para sentir las cadenas y hay que agitar para que éstas se rompan. Porque siento orgullo de pertenecer al género del que se espera que solo agache la cabeza. Porque sigue siendo subversivo que las mujeres salgan a la calle y yo sigo mostrando mi lado rebelde al aparato patriarcal.
¡Mientras que el machismo no quede demodé, el feminismo no pasa de moda!