miércoles, 20 de julio de 2011

Juntos, medimos bien


El 47,08% del 73,03% de porteñxs que votaron, eligió seguir siendo gobernada por Mauricio Macri.

Si sacamos a quienes están de acuerdo con la ideología macrista (¿Miki vainilla?) y a quienes vienen bien con la gestión pro (¿colegios privados?)...
Si sacamos a quien se decidió por un voto visceralmente antikirchnerista (¿gorilas?)...
Si sacamos a ese porcentaje que vota "al que está", porque "más o menos estoy bien" (mmm... un 60%)

Lo que te queda, es el voto aséptico.

Macri (¿Duran Barba?) supo capitalizar el voto de las personas que sienten que "política" es una mala palabra. Y así, votan al que menos discurso politico tiene.

No se le puede achcar el vaciar la política, sino el atiborrarla de cuestiones superfluas. Y esas son las cosas que tienen raiting. Macri mide bien, porque su electorado llegó a él despues de creer poco tentador al zapping ideológico (de lado a lado del arco político). Ansioso de no escuchar palabras fuertes y con ganas de ver una linda publicidad.
Creer que "Juntos venimos bien", no es en este caso una franca evidencia de Síndrome de Estocolmo, sino un eufemismo para decir "Juntos, no hubo crispación". Macri no tuvo enemigos, solo tuvo viento en contra.
¡Ah, cierto! Juntos, tampoco hubo construcción.

No me hallo

miércoles, 13 de julio de 2011

River - Boca

Una vez dije con ironía: "Para mi es obvio que Lucila es inocente... es demasiado linda para ser asesina". Ok, fue poco feliz. Bah... el problema es que no se entendió la ironía, y empezaron a contestarme que era racista (!), idiota (!) y básica (!). Ah, y lesbiana (!). Pero quedó claro que el problema no era que yo tomara posición en una riña jurídico-mediática, sino que asumía la inocencia de Lucila Frend.

Cuando se hizo noticia el asesinato de Solange, yo estaba en San Bernardo. Sin televisión, ni diarios, ni contacto con personas adultos, la noticia no me llegó como noticia, sino como llamado. Por esas vueltas de la vida, Solange había cursado una materia con la amiga del novio de mi amiga (que estaba conmigo en la playa). Y se sabe que cuando se trata de muertes, o de cuernos, las noticias vuelan. Quizá eso de estar a cuatro personas (bien estiradas) de la situación, me hizo mirar las cosas con cierta falsa cercanía.

Como no parecía ser un robo, ni un femicidio en manos de su novio, la escena se convirtió en el caldo de cultivo para los diarios sensacionalistas. Tiempo después, los medios de comunicación (y la justicia, pero poco importaba eso) señalaron a LA amiga. Se abrió la puerta para que escapara del imaginario colectivo, cualquier idea delirante. La mató por envidia, la mató por celos, la mató porque se llevaban mal en la convivencia, la mató porque tiene una personalidad borderline. Y además, lo que faltaba en el combo de mujer-medioloca-asesina: la mató porque es "homosexual" y estaba enamorada de ella.

Y así como "todos" (que en realidad quiere decir "cada uno/a") sabemos la clave para que Messi rinda en la selección, mucho mejor que los DTs, ahora "todos" éramos jueces. Y mi diariero, que hasta ese día sólo sabía que su nombre era Pepe, un día tuvo ganas de contarme que el "el estudio del humor vítreo (sic) mostró que la amiga estaba en la casa a la hora que la mataron" y que "los peritos dijeron que la mató una mujer, con ensañamiento, una mujer zurda... como la amiga, que es zurda y es mujer y la mató porque le robó el novio". Y el canillita asentía... "Sí, además ¿por qué no la llamó si estaba preocupada?". La encargada del edificio de la cuadra, con la perspicacia de Gil Grissom agregó "la ataron con un lazo y la mataron con un cuchillo... así matan las mujeres". Sí, yo también levanté una ceja.

Entendí que a falta de superclásico en la A, todxs teníamos ganas de ponernos una camiseta. Y si me puse la de Lucila fue para criticar a los que aparentemente tienen el manual de "Que hacer cuando se muere tu amiga" y le machacaban a la acusada que no lloró lo suficiente, que tiene cara rara, que es muy fría, que en la comisaría alzó a un nene a upa, que antes de entrar esperó al amigo, que en vez de ponerse triste se puso nerviosa... Quizá una parte de mí pensó que en una situación similar, yo también podría hacer cosas algo toscas que harían poco creíble mi inocencia ante una eventual acusación criminal (cucú...).

No había beneficios de clase, ni de género ni de status. La opinión personal de cada cual se iba a formar finalmente basándose en... ¿Qué madre lloró mas? ¿Que creíble era la coartada? ¿Los peritajes?. Así, los noticieros instauraron el sistema de juicio por jurado y Lucila Frend no tenía que probar su inocencia en el tribunal, sino ante los medios, de cara a la sociedad. Más que abogados, posiblemente hubiera necesitado asesores de imagen, que le dijeran que se ponga a llorar ante la cámara y que apele a su debilidad en vez de mostrarse entera. El jurado (consumidores de medios) resultó ser mas exigente que la platea San Martín y no tardó en darle el pulgar abajo a esta chica procesada (pulgar que nunca le bajaron a históricos hombres condenados, como Barreda).

Los medios no pudieron darse una panzada con la noticia de que la chica-bien terminó en la cárcel y los escritores de Mujeres Asesinas se quedaron sin capítulo. La justicia determinó que Lucila Frend es inocente. Y el tema terminó ahí, no importa quién fue, quién la mató.
El partido lo ganó Lucila 1 a 0. Y lo perdió la cordura.