Escuchando las publicidades de la radio a la mañana, descubrí que padezco de una afección crónica de origen genético (social?): Soy mujer. Pero a no desesperarme, rápidamente entendí que tengo remedios paleativos para evitar que se desarrollen los síntomas de por vida.
"Ni siempre te pasa lo mismo, ni siempre reaccionás igual". Así, los síntomas que antes requerían fármacos y medicinas solo una vez al mes (y que tanto habrán inspirado a Ricardo Arjona), hoy en día consiguen imponer su curación los 30 días, o los 28 mejor dicho. La higiene íntima y los medicamentos tienen la solución para cada día del mes y la industria farmaceútica encuentra en el público femenino una fértil masa compradora de cualquier producto que se llame "(...)fem". Haciendo cuentas: 28 días x 20 años x millones y millones de mujeres = Ganancia asegurada.
Así que ud, querida lectora, ya sabe lo que está de moda: Si antes sólo padecía de SPM (Síndrome pre menstrual), ahora puede disfrutar (padecer) de síndrome menstrual, post menstrual, supra menstrual y para menstrual. Aparentemente eso va a evitar que le contestes distinto a tu jefe o a tu marido, por que las cosas que les pasan a las personas en general, a las mujeres les pasa por ser mujeres. Lo paradójico es que la cura a tal afección (a eso de ser "hormonales"), no es escaparse del género, no es "masculinizarse positivamente", sino más bien regular la femenidad, hacerla. Siguiendo el tratamiento, la mujer (no las mujeres, digo LA mujer) va a poder ser mujer con la tranquilidad de que las humoradas que confirman su género ahora son avaladas. La patologización del ciclo menstrual femenino no se acaba por la cura provista, sino que se confirma como patología.
Y si usted es ya una "señora de las cuatro décadas", no debe preocuparse, que hay grandes curas de reemplazo para devolverle el status hormonal que tanto añora.
Diría que es raro que aun no haya cura para las mujeres antes de la menstruación... pero para eso existe Disney.
viernes, 9 de abril de 2010
viernes, 26 de marzo de 2010
Preocupa el apoyo al PRO

Si bien es preocupante el apoyo popular (antipopular) que recibe el amarillo, porteño y facista partido liderado por Mauricio Macri, confío en que ninguna persona que lea este título se deje llevar por la confusión que encierra su hipérbaton. El legislador porteño del PRO Gerardo Ingaramo tiene la iniciativa de que la futura línea H de subte cuente entre sus trenes con vagones exclusivamente femeninos, para evitar el manoseo y otros abusos masculinos que encuentran su oportunidad en el tumulto de la hora pico. Es decir: Al PRO le preocupa el apoyo.
Según la noticia, este proyecto es ya una realidad común en paises como Japón, Brasil, México, entre otros, donde segregando a las mujeres se consiguió evitar el acoso (a veces oportunista, a veces planeado) de los hombres. Más allá de su obvio éxito en la práctica, la idea engloba bastantes contradicciones teóricas acerca de cómo producir una sociedad más justa para ambos géneros. En vez de atacar la construcción cultural de que el cuerpo de la mujer es un botín, simplemente se encierra a ese botín en un vagón rosa, además de que se profundiza la idea del sexo débil, que necesita imperiosamente ser cuidado.
En lo lo personal, como habitué del transporte público, he transitado por estas situaciones que incomodan para el silencio en vez de para la reacción. Cuando tendría que haber gritado "Ey, pescado, mi cuerpo es tu límite", fui yo la que me limité y me llamé al silencio. No puedo no pensar que fue mi educación como mujer (obediente, correcta, sumisa, débil, miedosa, mujer) un factor influyente en mi no reacción. En un escenario imaginado, viajando en la futura línea H, sería mi deseducación como mujer lo que me haría no viajar en el vagón femenino y, citando a Diana Maffía, "implica que esté disponible para los tocadores y acosadores".
Dejando constancia de mi voto no positivo sobre esta cuestión, me permito darle otra vuelta de tuerca y pensar otros escenarios posibles. ¿Y si invertimos la carga de la prueba? Ok, no estoy de acuerdo, pero podría imaginar un vagón exclusivo... exclusivo para hombres. Sin esfuerzo puedo pensar en algún argumento (de vida media corta, hasta que cualquiera lo refute): Dado que la población masculina comete ciertos excesos cuando transita los lugares públicos, al delimitar espacios propios y exclusivos para hombres (llamémoslos "vagón azul", ¿Por qué no?) se evitaría esta ofensa hacia el cuerpo de la mujer. Así, cuando un hombre decida no viajar en los vagones exclusivos, implicaría que tiene intencion de cometer algún acto impúdico sobre el cuerpo de una mujer. Claramente algo anda mal.
Por último, si la gestión PRO hecha mano (cuac) sobre el asunto y se lleva a cabo el proyecto, estaríamos en presencia de una peculiaridad para nada rara: Al separar a un sector (el feminino), lo que queda es lo universal, lo neutro, lo general...¿lo masculino?
martes, 23 de febrero de 2010
Mañana de locura en Recoleta
En la jornada de ayer, una pareja que habitaba el departamento de la portería de un edificio en el exclusivo barrio porteño de Recoleta, fue protagonista de una historia que mantuvo en vilo a los medios de comunicación durante varias horas. Para entender la magnitud de la noticia, se debieron revelar detalles de la vida privada del matrimonio, que hasta entonces se desconocían. Tanto la mujer de 32 años -a la que llamaremos "X" para preservar su identidad- como el marido de 35 -"Y"-, eran oriundos de la provincia de Misiones y estaban instalados en Buenos Aires hace 10 años, durante los cuales se desempeñaban como encargadoa de edificio. La pareja tenía dos hijas menores de edad.
X nació en el seno de una familia humilde de un pequeño pueblo del interior de Misiones. Siendo la única mujer de los cinco hermanos, nunca fue eso excusa para que los padres la educaran de forma distinta y durante toda su niñez y adolescencia, cursó sus estudios en una escuela rural de la zona, mientras que durante la tarde colaboraba con el resto de la familia en las tareas domésticas. Nunca fue abusada por su padre ni otro hombre de su círculo, ni fue obligada a iniciarse sexualmente por ningun "don" del pueblo. Siendo una adolescentes, como no estaba interesada en ser madre joven ni en formar una familia, pudo estudiar en un colegio secundario de Posadas, al que concurría junto a sus hermanos. Después de algunas historias amorosas poco importantes, X conoció a Y en una fiesta de año nuevo de un amigo en común. Luego de convivir algunos años en Posadas, la pareja contrajo matrimonio. Y siempre incentivó a X a que profundice su crecimiento personal, tanto laboral como intelectual. Los años que vivieron en Misiones se caracterizaron tanto por el conocimiento mutuo como por el desarrollo individual. Como no planeaban agrandar la familia, Y siempre accedía a utilizar métodos anticonceptivos.
Cinco años después de haberse casado, la pareja decide radicarse en la Ciudad de Buenos Aires, donde ambos trabajaron en distintos edificios de la zona norte, cobrando el mismo sueldo por igual trabajo. Una vez que se instalaron en el edificio de Recoleta, decidieron tener a sus dos hijas y si bien hubo tiempos felices, años después en la pareja se fue extinguiendo el amor y decidieron separarse.
Previa consulta legal, X e Y se separaron de hecho y actualmente continúan su vida caminando por distintos caminos, que se cruzan a la hora de encargarse de la tenencia de las pequeñas hijas.
Todo el relato es falso. Esta sería una noticia que pueda titularse "Mañana de locura en Recoleta", siendo una historia que se aparta de la norma. Lo que pasó en verdad no fue eso: la noticia cuenta la muerte de la mujer en manos del hombre que luego se suicidó. Una víctima más de la violencia sexista, un número más para los contadores de femicidios (que sumaron 231 en el año 2009) y un título incorrecto más: "crimen pasional". Esa no fue una mañana de locura en Recoleta, fue una mañana más.
X nació en el seno de una familia humilde de un pequeño pueblo del interior de Misiones. Siendo la única mujer de los cinco hermanos, nunca fue eso excusa para que los padres la educaran de forma distinta y durante toda su niñez y adolescencia, cursó sus estudios en una escuela rural de la zona, mientras que durante la tarde colaboraba con el resto de la familia en las tareas domésticas. Nunca fue abusada por su padre ni otro hombre de su círculo, ni fue obligada a iniciarse sexualmente por ningun "don" del pueblo. Siendo una adolescentes, como no estaba interesada en ser madre joven ni en formar una familia, pudo estudiar en un colegio secundario de Posadas, al que concurría junto a sus hermanos. Después de algunas historias amorosas poco importantes, X conoció a Y en una fiesta de año nuevo de un amigo en común. Luego de convivir algunos años en Posadas, la pareja contrajo matrimonio. Y siempre incentivó a X a que profundice su crecimiento personal, tanto laboral como intelectual. Los años que vivieron en Misiones se caracterizaron tanto por el conocimiento mutuo como por el desarrollo individual. Como no planeaban agrandar la familia, Y siempre accedía a utilizar métodos anticonceptivos.
Cinco años después de haberse casado, la pareja decide radicarse en la Ciudad de Buenos Aires, donde ambos trabajaron en distintos edificios de la zona norte, cobrando el mismo sueldo por igual trabajo. Una vez que se instalaron en el edificio de Recoleta, decidieron tener a sus dos hijas y si bien hubo tiempos felices, años después en la pareja se fue extinguiendo el amor y decidieron separarse.
Previa consulta legal, X e Y se separaron de hecho y actualmente continúan su vida caminando por distintos caminos, que se cruzan a la hora de encargarse de la tenencia de las pequeñas hijas.
Todo el relato es falso. Esta sería una noticia que pueda titularse "Mañana de locura en Recoleta", siendo una historia que se aparta de la norma. Lo que pasó en verdad no fue eso: la noticia cuenta la muerte de la mujer en manos del hombre que luego se suicidó. Una víctima más de la violencia sexista, un número más para los contadores de femicidios (que sumaron 231 en el año 2009) y un título incorrecto más: "crimen pasional". Esa no fue una mañana de locura en Recoleta, fue una mañana más.
lunes, 22 de febrero de 2010
Instrucciones para pasar el tiempo mientras las relaciones se toman un tiempo
A la hora de tomarse un tiempo, no hay mejor tiempo que el clima lluvioso de un fin de semana en que no se trabaje. Primero hay que apagar la computadora mediante la cual se tuvo la conversación con la otra parte de la relación que ahora está de tiempo. Acariciar 3 veces en la misma dirección el dorso de un gato (las personas más arriesgadas pueden acariciar otro felino: pantera, tigre, lince, pero no leopardos). Secar lás lágrimas a la luz de la luna y pensar qué contestar si algún moro en la costa percibe la irritación ocular y el sonrojamiento de la nariz.
A continuación, se procede a llamar a dos camaradas y a prepar el equipaje para asistir a la reunión titulada "se tomó un tiempo": morral que fue un regalo con un pin que fue un regalo; billetera que fue un regalo; agenda; libro que fue un regalo; monedero con remedios que fue un regalo; llaves con llavero que fue un regalo; una botella de un litro de vodka y un vaso de shot que fue un regalo, pero de otra persona.
Ya en el sitio del mitin (preferentemente una habitación, aunque en su defecto puede ser un bar de copas), contar la sucesión de hechos que condujeron a que una relación se tomara un tiempo, en forma desordenada y anacrónica (entre gemidos, snifeos, vasos de cerveza y a la espera de pizza de muzzarella). Es importante en esta instancia mezclar en el relato sentimientos, hechos históricos, deseos, análisis y papel tissue. Mientras se cena, escuchar otras historias de las camaradas que pueden tener finales felices o tristes, pero nunca buenos (y sólo dan ganas de compartirlas con la otra persona que estaba en la relación que se tomó un tiempo). Después de hacer algunos pasos de baile sobre el parquet, proceder a llenar vasos altos de vidrio con hielo, fernet y bebida cola junto a una camarada, mientras que la otra camarada inicia el ritual de beber vasos de vodka una persona a la vez, a modo de competencia. Repetir este paso hasta llegar a contabilizar 8 vasos de vodka. Para diluirlo, se pueden tomar vasos de fernet entre shot y shot.
Luego de perder una partida de cartas (nunca ganar esa noche) y de alternar entre la bebida oscura, la bebida blanca y otras yerbas, llega el momento en que una caricia en la pierna nos devuelve la sensibilidad, y entonces ver doble ya no es el problema, sino el nudo en la garganta que se resiste a desatarse por más vodka, fernet y otras yerbas que se ingieran. Es entonces el momento de iniciar la retirada: ingresar a un auto negro y amarillo, dejar caer las lágrimas y pensar: en cómo eran los desayunos que nunca se dieron, los souvenirs de los viajes que no se hicieron, las cenas románticas que quedaron en el recuerdo de lo que no pasó y los tiempos compartidos antes de que la relación se decidiera a tomarse un tiempo.
Al día siguiente, es recomendable no dejarse llevar por la tentación de ver Ghost. Y en los días sucesivos, si el instructivo se cumple al pie de la letra, deben ir mermando las horas perdidas en el ciclo llanto-ron-sueño.
Consejo adicional: puede ayudar correr y caminar al rededor de una plaza una noche de lluvia, pero prestar atención al camino elegido para no pasar por la puerta del hotel donde se fundía el tiempo en una cama, en una noche, en uma imágen. Donde todo el tiempo antes de que la relación se tomara un tiempo, se convertía en una seguidilla de imágenes desde el inicio hasta ese orgasmo: el juego de miradas y de caricias cuando no se decía nada, los silencios compartidos cuando estaba todo dicho, la primera flor, las primeras velas, los primeros presentes que se fueron haciendo recuerdos, las primeras vacaciones, los primeros sueños dichos en voz alta, las primeras risas, los primeros miedos, los últimos abrazos, lás últimas cenas, los cuentos, las fantasías, las películas, los colores, los sabores, las noches, los días, la piel, las citas, los segundos, las primeras y... Ayyyyy.
Cosas que pasan cuando las relaciones se toman un tiempo.
A continuación, se procede a llamar a dos camaradas y a prepar el equipaje para asistir a la reunión titulada "se tomó un tiempo": morral que fue un regalo con un pin que fue un regalo; billetera que fue un regalo; agenda; libro que fue un regalo; monedero con remedios que fue un regalo; llaves con llavero que fue un regalo; una botella de un litro de vodka y un vaso de shot que fue un regalo, pero de otra persona.
Ya en el sitio del mitin (preferentemente una habitación, aunque en su defecto puede ser un bar de copas), contar la sucesión de hechos que condujeron a que una relación se tomara un tiempo, en forma desordenada y anacrónica (entre gemidos, snifeos, vasos de cerveza y a la espera de pizza de muzzarella). Es importante en esta instancia mezclar en el relato sentimientos, hechos históricos, deseos, análisis y papel tissue. Mientras se cena, escuchar otras historias de las camaradas que pueden tener finales felices o tristes, pero nunca buenos (y sólo dan ganas de compartirlas con la otra persona que estaba en la relación que se tomó un tiempo). Después de hacer algunos pasos de baile sobre el parquet, proceder a llenar vasos altos de vidrio con hielo, fernet y bebida cola junto a una camarada, mientras que la otra camarada inicia el ritual de beber vasos de vodka una persona a la vez, a modo de competencia. Repetir este paso hasta llegar a contabilizar 8 vasos de vodka. Para diluirlo, se pueden tomar vasos de fernet entre shot y shot.
Luego de perder una partida de cartas (nunca ganar esa noche) y de alternar entre la bebida oscura, la bebida blanca y otras yerbas, llega el momento en que una caricia en la pierna nos devuelve la sensibilidad, y entonces ver doble ya no es el problema, sino el nudo en la garganta que se resiste a desatarse por más vodka, fernet y otras yerbas que se ingieran. Es entonces el momento de iniciar la retirada: ingresar a un auto negro y amarillo, dejar caer las lágrimas y pensar: en cómo eran los desayunos que nunca se dieron, los souvenirs de los viajes que no se hicieron, las cenas románticas que quedaron en el recuerdo de lo que no pasó y los tiempos compartidos antes de que la relación se decidiera a tomarse un tiempo.
Al día siguiente, es recomendable no dejarse llevar por la tentación de ver Ghost. Y en los días sucesivos, si el instructivo se cumple al pie de la letra, deben ir mermando las horas perdidas en el ciclo llanto-ron-sueño.
Consejo adicional: puede ayudar correr y caminar al rededor de una plaza una noche de lluvia, pero prestar atención al camino elegido para no pasar por la puerta del hotel donde se fundía el tiempo en una cama, en una noche, en uma imágen. Donde todo el tiempo antes de que la relación se tomara un tiempo, se convertía en una seguidilla de imágenes desde el inicio hasta ese orgasmo: el juego de miradas y de caricias cuando no se decía nada, los silencios compartidos cuando estaba todo dicho, la primera flor, las primeras velas, los primeros presentes que se fueron haciendo recuerdos, las primeras vacaciones, los primeros sueños dichos en voz alta, las primeras risas, los primeros miedos, los últimos abrazos, lás últimas cenas, los cuentos, las fantasías, las películas, los colores, los sabores, las noches, los días, la piel, las citas, los segundos, las primeras y... Ayyyyy.
Cosas que pasan cuando las relaciones se toman un tiempo.
lunes, 8 de febrero de 2010
Receta para un buen Risotto...

Calentar en una cacerola la manteca, cuando comience a espumar, agregar la cebolla picada y dejar rehogar, echar el arroz y el azafrán, saltear unos minutos hasta que el arroz haya absorbido toda la manteca, recién entonces añadir el caldo caliente, los hongos remojados y picados, condimentar con sal y pimienta a gusto, cocinar entre 18 a 20 minutos aproximadamente...
Han de ser muchas las personas que disfrutan de esta afortunada creación de la cocina italiana. Yo, en lo personal, quizás prefiera arroz blanco con manteca o arroz con atún en un tomate relleno.
Hay otras personas que prefieren otra cosa: conocerse, creerse enamoradxs, pedir fecha en un registro civil y, luego, ver ese arroz (en otros tiempos protagonista de un Risotto) ser arrojado por los aires en señal de alegría.
¡Vaya tradiciones las nuestras! Creanme, no estoy en contra del amor...De hecho, estoy tan a favor del amor, que estoy en contra del matrimonio. Esa gente que quiere que otra gente le remarque los derechos y las obligaciones sólo a cambio de un libro rojo con 32 espacios para anotar a los hijos. Si fuera un acto de amor no se hablaría del deber de apoyar al otro económicamente ("Los esposos se deben mutuamente fidelidad, asistencia y alimentos."). Si fuera un acto romántico no se hablaría de familia, sino de pareja, y no serían "contrayentes" sino "amantes".
Puedo entender que él sea un buen partido, que ella sea oriunda de San Nicolás y sepa coser, bordar y salir a jugar... Entiendo que después de años de noviazgo las cosas se pueden tornar aburridas... Pero trato de entender el concepto de bienes ganaciales, la imposición de vivir en una misma casa, la ausencia del simple desamor como causa de separación (detalladas en el Art 202, Cap IX, Secc Segunda del Código Civil) y el origen etimológico de la palabra matrimonio (derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad) y no me termina de cerrar la idea...
Quizás a mi me falten fábulas, arrugas o ganas de tirar arroz... Pero ya saben: Para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama; si Ud mujer tiene más de dieciséis años y Ud gentil hombre más de dieciocho y no parece que tengan consanguinidad, dése una vuelta por el Registro Civil y en pocos minutos disfrutará de una lluvia de arroz, libreta de matrimonio en mano.
Caso contrario, se me ocurren muchas (muchas) más cosas: chau fan, paella, arroz con calamares en su tinta, buñuelos de arroz, entre otras...
viernes, 8 de enero de 2010
La audiencia es el Jefe.
Un test que circula hace años en internet (ergo: de dudosa procedencia y credibilidad) nos invita a realizar una serie de operaciones matemáticas para saber si, en definitiva, nos parecemos más a Stephen Hawking o a cierta mosca que en este momento no para de golpearse con el vidrio creyendo encontrar la salida. En uno de las últimas preguntas, se le pide a las personas que piensen una herramienta y un color. Aparentemente, según reza la respuesta, el 98% de la gente contesta: Martillo-Rojo. Me encantaría decir que pertenezco a la élite que piensa "alicate-blanco", "destornillador-verde", "llave inglesa-terracota", pero no: Al fin soy mayoría en algo!
Explicaciones baratas van a teorizar sobre la respuesta más frecuentes: Al parecer, el cerebro, agobiado (?) por los inusuales cálculos matemáticos, ante una pregunta fácil, accede al conocimiento más cercano, más habitual.
Pero...¿Puede ser que todas las personas tengamos los mismos puntos de referencia? ¿Se saltea todo tipo de subjetividad, de historia personal, de gustos (mi color preferido es el verde) en pro de lo general? ¿Todxs somos igual ante ese 98%? ¡Vaya poder el de esa mano invisible que nos instala respuestas rápidas!
Ojeando una revista aniversario del diario La Nación me tope con el título: "La audiencia es el Jefe". Disto mucho de ser una purista de la lengua (de esa lengua al menos), no voy a hablar de la (in)concordancia gramatical entre el género del núcelo del sujeto y el género del predicativo subjetivo obligatorio del predicado. Pero puedo hablar un poco del aparente impedimento de que La noticia sea la jefa. El sexismo en en el lenguaje es un tamaño tema (futuro protagonista de próxima nueva entrada), pero sin embargo lo que me sorprendió del titular fue la sutlileza para instalar esos puntos de referencia, esos "martillo-rojo". Aparentemente, si queremos evitar el inminente apocalipsis del 2012, la jefatura de cualquier espacio va a estar ocupada por un hombre. La figura de El Jefe está instalada, tanto o más que la figura de La Secretaria. Son esas pequeñas sutilezas las que consiguen que un 98% repita bien lo aprendido: Martillo-rojo-El Jefe.
Explicaciones baratas van a teorizar sobre la respuesta más frecuentes: Al parecer, el cerebro, agobiado (?) por los inusuales cálculos matemáticos, ante una pregunta fácil, accede al conocimiento más cercano, más habitual.
Pero...¿Puede ser que todas las personas tengamos los mismos puntos de referencia? ¿Se saltea todo tipo de subjetividad, de historia personal, de gustos (mi color preferido es el verde) en pro de lo general? ¿Todxs somos igual ante ese 98%? ¡Vaya poder el de esa mano invisible que nos instala respuestas rápidas!
Ojeando una revista aniversario del diario La Nación me tope con el título: "La audiencia es el Jefe". Disto mucho de ser una purista de la lengua (de esa lengua al menos), no voy a hablar de la (in)concordancia gramatical entre el género del núcelo del sujeto y el género del predicativo subjetivo obligatorio del predicado. Pero puedo hablar un poco del aparente impedimento de que La noticia sea la jefa. El sexismo en en el lenguaje es un tamaño tema (futuro protagonista de próxima nueva entrada), pero sin embargo lo que me sorprendió del titular fue la sutlileza para instalar esos puntos de referencia, esos "martillo-rojo". Aparentemente, si queremos evitar el inminente apocalipsis del 2012, la jefatura de cualquier espacio va a estar ocupada por un hombre. La figura de El Jefe está instalada, tanto o más que la figura de La Secretaria. Son esas pequeñas sutilezas las que consiguen que un 98% repita bien lo aprendido: Martillo-rojo-El Jefe.
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